21/03/2009
12/02/2009
28/12/2008
27/09/2008
24/09/2008
Juan y la carta de amor que venció a su tristeza

Por Pablo Calvo
Perdió a su hija y a su esposa en Cromañón. Y nunca había podido brindarles un
mensaje de despedida, porque era analfabeto. Durante 9 meses, un periodista de Clarín
le enseñó a leer y escribir. Y el coraje de Juan pudo más que su dolor. Aquí, su pequeño milagro de Navidad.
Juan corre por el hospital. Su princesa se está muriendo. La lleva en brazos, trata de fabricarle oxígeno. La beba tiene 10 meses y sus ojos están cerrados. Juan implora que la atiendan. Rompe un vidrio, está desesperado. No puede leer los carteles, está ciego. De golpe, el silencio los invade. Siguen abrazados, pero dos pulmoncitos de paloma se apagan. La princesa se durmió para siempre.
Luisana Aylén Ledezma fue la víctima más joven que tuvo la tragedia de Cromañón.
Allí también murió su madre, Griselda Ramírez, de 22 años. Y sólo se salvó Juan, el
papá, uno de los empleados del boliche incendiado hace un año durante un recital de
rock, en el que murieron 194 personas. Juan sobrevivió, pero no es tan cierto. ¿Quién dice que es vida andar por el mundo con el corazón acuchillado? Desgarrado, sin su princesa, Juan se internó en las oscuridades del dolor. Las cámaras de televisión lo tomaron con el brazo izquierdo vendado por las quemaduras. Fue uno de los primeros en llegar a la Morgue Judicial el 31 de diciembre de 2004, para reclamar 2 los cadáveres.
También fue uno de los primeros en dar testimonio en la causa judicial, donde tuvo que ser asistido por su hermana, porque no podía firmar una declaración que no podía leer.
****
--Dénle un trabajo al pibe.
En la Casa Rosada, la voz del presidente Néstor Kirchner sonaba como la voz de Dios.
Los reclamos de familiares de las víctimas podían convertirse en un problema político.
Había que descomprimir la tensión.
--¿Cómo te llamás? --le preguntaron a Juan.
--Juan Domingo Ledezma-- contestó. Juan Domingo, como el general Perón.
La orden superior enseguida encontró eco. El "pibe", de 19 años, fue contratado como
empleado de la Secretaría General de la Presidencia. Un funcionario lo acompañó hasta
el shopping Abasto y le compró un traje, camisa, corbata y zapatos. Sus compañeros lo
recibieron bien, pero algunos encendieron su egoísmo ¿Y cuánto va a ganar? ¿Es cierto
que no sabe leer ni escribir? ¿Cómo andás, "Cromañón"?
Había que reforzar el rescate. Juan sólo fue a la escuela hasta tercer grado y había
olvidado lo poco que aprendió. Una coordinadora de estudios de los empleados públicos
lo sumó a la lista de alumnos de 2005. Y el Ministerio de Educación ofreció enviarle un alfabetizador.
****
En 18 años de periodismo, la mitad de mi vida, aprendí que el destino suele preparar
emboscadas. Uno puede ir hacia un lugar seguro, pero de pronto, algo que nos empuja a
cambiar de dirección. Hace más de un año preparaba una nota sobre la Campaña
Nacional de Alfabetización, que iba a convocar a voluntarios independientes de la
política. Para poder contar la experiencia, en noviembre de 2004, hice el curso de
capacitación en el Palacio Sarmiento. En Florencio Varela, una beba dormía en el pecho de su padre, debajo de un ventilador. Tenían un amor de caricias y miradas, ausente de palabras. Ella no tendría tiempo de aprender ninguna, ni siquiera "papá".
--¿Y qué te parece si te ponés al frente de un curso, hay siete adultos que viven cerca de tu trabajo y tienen ganas de aprender? --me tentaron.
Tenía que reacomodar horarios, suspender actividades y pasar más tiempo fuera de casa.
Mi hijo, de cuatro años, me sorprendía con la lectura de las primeras letras. Corría el riesgo de perderme esos momentos.
Ya parado al lado del pizarrón, con historias de pobreza que me miraban desde los
pupitres, era tarde para arrepentirse. Sólo tuve tiempo para renunciar por escrito a los viáticos de 50 pesos que daban por mes. Luego de nueve encuentros, con el curso
avanzado y los alumnos toreando a la ignorancia, recibí un llamado inesperado, que
denotaba suma preocupación:
--Tenemos un caso muy delicado, un sobreviviente de Cromañón que perdió a su esposa
y a su hija, y no sabe leer ni escribir. Es un pedido especial del Presidente... ¿vos te animás?
****
Juan y Griselda se conocieron en una marcha piquetera. Ella tenía 18 años; él, 16.
Caminaban por la autopista de Avellaneda al Centro, en busca de justicia social.
Encontrarían algo mejor.
--¿Cuánto que le robo un beso? --les apostó Juan a sus compañeros de pechera amarilla, de la agrupación de Raúl Castells.
Nadie recuerda el petitorio político de ese día, pero sí que el amor entre Juan y Griselda quedó sellado a la altura de la avenida Caseros.
Quedaron envueltos por el dulce olor a galletitas Bagley, de la planta de Barracas, que al tiempo cerraría. El 6 de febrero de 2004 nació la princesa Lali. "Vino con la sonrisa dibujada, hasta cuando dormía sonreía", la recordaría tiempo después su papá.
Aylén, Griselda y Juan solían dormir la siesta juntos y abrazados, debajo de un
ventilador. Los tres estuvieron un rato juntos el 30 de diciembre del año pasado, en el boliche donde tocaba el grupo de rock Callejeros, pero Juan tenía que trabajar.
Quedaron en verse después. Sólo que, a veces, el amor se interrumpe cuando uno menos
se lo espera.
****
No fue fácil empezar las clases. Juan faltó a las tres primeras citas, se escabullía y el resto del curso avanzaba, lo que iba a complicar su adaptación. Decidí ir a buscarlo, adonde fuera.
El encuentro inicial se dio en Somisa, un edificio de acero y vidrio pensado para una
Argentina industrial, pero que se había convertido en oficina burocrática del Gobierno.
Comenzó entonces una suerte de cátedra itinerante, que iba a gastar nuestras suelas. Nos veíamos en el sindicato de los porteros; sobre la avenida Belgrano practicábamos la "B"; caminábamos hasta el Ministerio de Desarrollo Social para descifrar el destinatario de los sobres que le habían encomendado llevar; le mostraba el lugar exacto donde Evita, con "V" corta, había renunciado al poder; nos parábamos frente a carteles de una manifestación y mirábamos los titulares de los diarios en Paseo Colón. Nada alcanzaba.
De entrada, Juan recibió el consejo de no firmar nada, para no meter la pata, y su
primera tarea fue pintar las rejas del helipuerto presidencial. La brocha gorda le ganaba al lápiz.
Pese al empeño que ponía, a Juan le costaba el abecedario, las sílabas, las palabras y las oraciones. Encima, cada tanto volvía a faltar. Yo me desanimaba. Hasta pensé en
abandonar. Por suerte, el destino nos iba a enredar otra vez. Fue cuando Juan me tendió su cuaderno para preguntarme:
--"Lali" ¿se escribe así?
****
Nuevo plan: decidí darle clases de apoyo en la Casa de Gobierno. De ahí no se me podía escapar, porque iba en su horario de trabajo.
Al principio, las chicas de la recepción de Balcarce 24 no entendían: "¿Cómo que viene a enseñarle a una persona a leer y escribir?, ¿acá?", me interrogaban. O me pasaban con el interno de otro Ledesma, con "s", asesor del jefe de Estado.
Juan venía a buscarme y juntos subíamos al primer piso. Entrábamos por una puerta del
Salón de los Bustos que recordaba a la Década Infame, ya que a los costados estaban los yesos presidenciales del general Agustín P. Justo (1932-1938) y del radical alvearista Roberto Ortiz (1938-1942).
Alfombra roja, 42 escalones y llegábamos a Ceremonial, donde un funcionario de vieja
data y buena onda, Jorge "Chiche" Aldea, nos prestaba su despacho. La Casa Militar
ofrecía una videocasetera para que Juan pudiera ver las clases filmadas de la Campaña
de Alfabetización. El secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, lo paraba en los pasillos para preguntarle si aprendía. Y los compañeros de oficina lo ayudaban.
Un día, Juan se olvidó el cuaderno y agarró el primer papel que tenía a mano. Fue la
primera vez en la historia de la educación argentina en que la diferencia entre la "Ll" y la "Y" se estudió sobre una hoja con el escudo patrio en relieve y la leyenda "Presidente de la Nación".
****
La carterita de Juan se parece a su vida. Agujeros, cierre gastado, recuerdos sueltos, lugares vacíos. La perdió en el colectivo, pero un empleado del Ministerio de Economía la recuperó y se la devolvió. En plena clase empezó a revisarla, cuando, de repente, sobrevino otra señal: el chupete rosa de Aylén se salió de la cartera y empezó a rodar sobre el cuaderno de Juan. Cinco segundos se convirtieron en mil años. Sólo los gorriones del Patio de las Palmeras se animaron a chispear.
--¡Cómo me gustaría algún día poder escribirle una carta! --suspiró Juan, quien sin
saberlo planteaba el desafío de su vida.
--Yo te voy a ayudar --le prometí, cuando terminé de tragar saliva.
****
Lo acompañé al oftalmólogo porque se le cansaba la vista, pero también por miedo a
que lo humillaran con el tablero de casitas, manzanas y zanahorias que les muestran a
los que no saben leer. En el rincón del disimulo, le expliqué la situación a la doctora de turno, que se animó a probar con el tablero oficial de letras de distintos tamaños. Para nuestra sorpresa, Juan acertó una a una y al llegar a las más chiquitas, respiró hondo y sonrió.
La vista estaba bien, pasé a sospechar que era un problema de lagrimales.
Lo bueno fue que empezaban a notarse los progresos de Juan, que ya mandaba mensajes
de texto por el celular, escribía el abecedario en la computadora y le prestaba atención a la correspondencia que tenía que trasladar.
--Si seguís así te van a dar un diploma. Hasta Kirchner te va a aplaudir.
--Andá.
****
Nueve meses hace que Juan y yo estamos encorvados sobre unos renglones azules, por
momentos movedizos, por momentos esquivos. Nueve meses, el tiempo que se tarda en
nacer.
Es demasiado tiempo, pero el entusiasmo y la bravura de Juan me dicen que hoy no es
un día cualquiera. Más bien me avisa que hoy es "el" día.
--Yo te cuento mi idea y vos me dictás --me asocia a su aventura.
Por supuesto que sí. Juan acaba de cumplir 20 años y ha decretado que el milagro es
hoy. Prepara una hoja y me dice que la llevará al cementerio, plastificada, para que no la arruine la lluvia. Saca una birome, agacha la frente y escribe:
Lali, mi amor:
Anoche pensaba que ya pasó casi un año que no te tengo. Todavía me cuesta creer que
haya pasado lo que pasó. Todavía me levanto a la mañana y te busco por la casa. Es
como un flash. En ese segundo siento que estás conmigo, pero enseguida te me vas. Me
pasa lo mismo con tu mami.
De a poco estoy tratando de salir adelante y aprendí a escribir para poder hacerte esta carta.
Este primer año sin ustedes va a ser muy duro, pero por suerte recibí mucho cariño de
la gente y me estoy levantando. Esa noche, mi alma se fue con ustedes, pero cada día yo siento que están adentro mío, muy cerquita de mi corazón.
Las extraño mucho y por siempre las voy a amar.
PAPA JUAN
23/09/2008
05/09/2008
31/07/2008
Sabuesos de cadáveres

Por Darío Dávila
Su nariz era tan grande que parecía tener vida propia. Las fosas se le abrían tanto que emulaba a un atleta buscando el oro en los cien metros.
Quería –por así decirlo- cruzar la meta que lo llevara a su premio: saber el nombre de aquel policía que fue agujerado de tantos disparos en el bulevar Emiliano Zapata.
Dicen los colegas que el olfato de los empleados de las funerarias, es proporcional a la violencia. La fórmula es sencilla: entre más sangre, más fuerte es el aroma que los hace llegar hasta los cadáveres. Porque dependiendo del muerto, es la comisión.
“Siempre se están peleando por ganarse a los muertitos”, confiesa un reportero gráfico que ha acudido al bulevar Zapata. Habría que creerle porque a su lado, uno de estos sabuesos de cadáveres tiene la mira puesta en una camioneta con el cuerpo de un policía ministerial. Sobre el asfalto, ha quedado embarrado el caucho, después de que los disparos, hicieran pedazos los neumáticos de la camioneta.
- ¡Eh, compa! ¿ya tienes el nombre?, pregunta uno de los empleados de la funeraria San Martín, quien aprieta en su mano derecha un radio donde alguien más le responde: “…Mejor jálate a Los Pinos. Acá hay un 41 (clave que indica que existe un muerto), pero ¡ya!, jálate.
Sí, parece que de nuevo su nariz piensa sola. El empleado de la funeraria aborda su camioneta y se pierde calles arriba. Pero no todo está perdido. Porque su chamba también le permite cruzar información con policías, agentes y reporteros.
Entonces, antes de marcharse, deja a otro de sus colegas a cargo de la cacería del cadáver. Cuadras arriba, el manjar de la comisión podría ser mayor. ¡No lo sueltes, compa!, alcanza a decir.
Dicen los científicos que la hemoglobina da ese color rojizo a la sangre. Pero al contacto con el medio ambiente, las células de la sangre comienzan a morir. Entonces ese olor, que muchos describen como “olor a hierro”, aparece y se pega a la nariz. Ayer ese aroma, impregnó varias casas en la colonia Los Pinos de Culiacán.
El aroma trajo a los cazadores de cadáveres. “¿A quién busca señora?”, dice un funerario a una mujer, que desesperada manotea al aire y pregunta si allá adentro, en el taller donde murieron 9 personas, está su hijo.
Antes de responderle a la señora que ha de acariciar los 50 años, tres sabuesos se aproximan: “¡A ver, trae la lista!”, pide uno de ellos y suelta: “Sí, está allá adentro”.
A su costado, una camioneta para transportar cadáveres parece cobrar vida. Es como si esperara una luz verde, para arrancar vertiginosamente hasta la entrada del taller batido entre grasa y sangre de los cadáveres.
Los minutos pasan y los empleados de funerarias parecen desesperarse. El calor remilgoso los ha curtido. Están diseñados para tener paciencia. Porque también la paciencia es una forma de ganar. Ellos lo saben. Ha de ser por eso que desde lejitos, parados en la defensa de su camioneta, o muy cerca de los familiares, estos cazadores de cadáveres, esperan mientras las fosas de sus narices se amplían al filo de una banda amarilla colocada por la policía que impide el paso a su comisión: los cadáveres.
Un éxodo llamado miedo
Por Darío Dávila
El Pozo,Sinaloa.- Si uno se para sobre una loma verá que El Pozo hace honor a su nombre. Está hundido en el calor. Hundido a las faldas de un cerro. Hundido en sus calles de tierra tan llenas de animales esqueléticos y tan pobres de niños.
Dice la señora Martha González que todo esto que pasa en El Pozo es cosa de fe. Que si el pueblo está como está; hinchado de miedo y vacío de policías, es porque la gente ha perdido la fe. Porque aquí la vida está rentada. Y eso –la vida- no es algo que se pueda comprar.
Lo sabe bien Julián. Porque justo a un lado de su casa está un corral abandonado desde hace semanas. “Desde que mataron al dueño, sus animales andan como locos, luego se andan peleando por la poca agua que hay”. “Sí los que vinieron por él andaban todos enriflados”.
No es fácil abrir la boca en estos retazos de polvo llamados calles. Por eso es que Julián, sin apellido, porque así lo pidió y por que su vida lo vale, habla quedito. Tan bajito que uno debe pegar el oído a su aliento seco y agrio. “Mire amigo, mejor guarde su libreta, que no lo vean apuntar, no sea la de malas”.
Cuadras abajo, donde la calle parece espiral, Julián sabe que hace días El Pozo volvió a hundirse en sus historias. “Eran como las siete, cuando llegaron las camionetas con los pistoleros… ”.
Basta mirar la calle para imaginar la escena. Porque aquí a las siete de la tarde del 25 de junio, cuando murieron tres hombres y un adolescente, todavía había luz. “Sí, todos los chamacos andaban jugando a esa hora cuando llegaron en las camionetas, bien recuerdo que traían los vidrios un poco abajo con las armas de fuera”, confiesa otro vecino que pide no dar su nombre.
Debieron entrar por el único camino que lleva a la sindicatura. “Se fueron directo hacia la casa de la gente. Yo me acuerdo que toda la plebada que andaba por ahí se fueron a fijar qué pasaba…hasta que se oyeron los tronidos”, agrega el habitante.
“Dice mi amá que algunos gritaban que se iban a chingar a todo el pueblo, y a todo aquel que se asomara. Desde que pasó aquello, todo volvió a ser como un rancho fantasma. Ayer mismo el Ejército se llevó a varias familias”.
Uno podría caminar por el laberinto de estas calles con pequeños canales de aguas negras y escuchar el zumbido de las moscas, la desesperación de los animales con hambre y algunos perros que se quedaron en las casas vacías.
“Sí, la gente se fue. Tiene miedo. Los soldados sólo vienen cuando hay muertitos. Pero mire –dice el señor Luis mirando hacia la calle inclinada- aquí hay un buen de terreno para que pongan un cuartelito”.
El señor Luis, vive a unas cuadras de las casas abandonadas. Todavía hay un poco de agua en las piletas. Sus caballos, tan flacos que se chupan todo lo que parezca agua, deambulan en círculos.
Una mujer anciana, que ha quedado amurallada entre dos casas solas, confiesa: “Vinieron los militares para acompañarlos y sacar todos sus tiliches. Y pues se llevaron todo lo que pudieron”.
-¿Y por qué usted no se va?, le pregunta el reportero.
- ¡A dónde, si no tenemos nada…!
Pero no siempre el éxodo tiene sabor a miedo. “Pues uno no sabe porqué se va la gente, ha de ser porque andan en cosas malas ¿o no?”, sugiere la señora Martha González a quien parece no incomodarle la soledad del pueblo: “Pues allá en Culiacán las cosas andan igual o peor, ya ve que en la semana mataron a seis”. “Yo pongo mi aire y en las noches, cuando las balas suenan yo me encomiendo a Dios, duermo tranquila”.
Ella está segura de que si la gente rezara, otra cosa sería. Mire –señala al fondo del camino- allá está la iglesia pero la gente no va al rosario. “Ayer vino el padre de Culiacán, José Romero, a decirnos que nosotros también tenemos la culpa porque dejamos que los hijos andan comprando pistolas y no les llamamos la atención”.
Antes, según la señora Martha, las cosas eran distintas. “Antes bajaban de Chalatón a robarse a las muchachas de los bailes. Bien me acuerdo que hasta tenían que recogerse la falda para echarse a correr”.
- ¿Dice que la gente no tiene fe?, se le insiste a la mujer.
- Así nos dice el padre que no hay fe, que por eso la iglesia está sola.
Y tiene razón. El eco de un rosario sale del fondo de una capilla con una vieja campana en la entrada con la que se llama a misa. Siete mujeres rezan y conforme pasan los minutos se incorporan dos más. “Dios te salve…”. Pero el eco del rezo se va perdiendo entre la soledad de una capilla con castillos de maltrechos de varilla que sobre salen en su techo.
Pero ni la fe puede con el miedo. De plano hay quien no puede largarse porque no tiene a donde ir. “¿A dónde más se puede ir uno?”, pregunta un viejo habitante que lava trastes y ropa mientras sus nietos se asoman al cerco de varas.
- ¿Y qué pasara con El Pozo?
- Pues la gente se va estar yendo, allá atrás –dice mientras señala el camino de al fondo- todas esas casas están vacías.
Hay veces que la memoria es silenciada. Una de las vecinas que habita justo en frente de una de las casas donde pistoleros sacaron y remataron a su dueño, no desea conversar. De entre un pasillo, asoma, uno de sus familiares. Un muchacho que confiesa que esa familia (la de enfrente) se marchó este domingo escoltada por los soldados.
Un testimonio más coincide. “Se esperaron hasta que sacaron todo. Me acuerdo que ahí estaba uno de los coches de los guachos. Después, las familias se fueron con ellos. Ahora todo está vacío”.
Y sugiere: “Sólo le quiero pedir un favor, no diga mi nombre: ya ve cómo andan las cosas”.
En El Pozo, los remolinos del viento serpentean por las calles desordenadas. Algunas camionetas que pasan levantando el polvo, casi siempre enciende la alerta. La gente las mira pasar de reojo. “Uno nunca sabe, yo por eso no quiero que mi nieta ande en la calle. Porque aunque la casa está cerca, a mi se me haría bien lejos si algo así vuelve a pasar”.
Este rancho se va muriendo de poquito. Entre sus cuentos con olor a pólvora. “Mire- confiesa otro vecino- yo me acuerdo que aquí el año pasado se encontraron los guachos con unos plebes del Betón, que iban en búsqueda de El Charrito. Y hubo un momento que los plebes pusieron de punta los cuernos y los militares se siguieron de frente…”
“….Aquí no hay Ley ese gente (los pistoleros) hacen lo que quieren y la merca (la mariguana) se las compran siempre”.
El éxodo en El Pozo, parece no detenerse. Cuando uno abandona la ranchería nadie dice adiós. Y si acaso, ladrará un perro de una de las casas vacías, ya sin niños y mujeres, ahora viudas.
08/04/2008
13 Reflexiones/ ¿Por qué no mejoran los periódicos?

No es este un texto en defensa de una utopía. Es una realidad de aquellos periodistas cuyo inventario de valores es tan alto como su desempeño diario. Se trata de 13 respuestas de colegas que han logrado -pese a todo y a veces en la intimidad de sus textos- ganarle la batalla a ese cancer llamado mediocridad que atrapa a decenas o cientos de redacciones. ¿Por qué no mejoran los periódicos?
1.-"...porque seguimos dependiendo de la clase politica, aun tienen el control de la infromación, cuando dejemos de depender de ellos haremos periodismo jefe"
2.- "...estan en una mediocracia, en una "elite" con fuertes intereses empresariales y mediaticos, llevan una agenda ajena al lector".
3.- "...por falta de comunicacion interna".
4.- "...porque el público no los exige pero son lo más parecido a un equipo de fut bol. Y el lector es el #12"
5.- "...porque los están dejando morir".
6.- "...por la falta de pasión de los reporteros y de motivación hacia los mismos, porque se dedican a hacer las notas del día y no les preocupa q hay más allá".
7.- "...por una visión empresarial pequeña".
8.- "...porque no piensan en el contenido sólo en vender porque los editores, muchos de ellos, nunca fueron reporteros".
9.- "...por la cerrazón de los directores".
10.- "...Falta de cultura".
11.- "...porque sigue existiendo ahí la gente retrógrada".
12.- "...por la gente que trabaja en ellos".
13.- "...porque están en manos de weyes que no son periodistas".
Gracias a todos amigos y colegas.
26/03/2008
Preguntas para mi nota / gracias Marcela Turati

Ella es Marcela Turati. No tendría ninguna duda y certeza en confiar en ella como mujer y colega. Hay coincidencias y diferencias. Aplaudo su pasión y compromiso.
Habla Marcela:
Antes de entregar una nota para su publicación, los periodistas deberíamos de someterla a una serie de preguntas para ver si pasa la prueba del periodismo ciudadano y constructivo.
Son 35 preguntas que he recopilado en distintos cursos, asimilado de charlas con otros reporteros o sacado de mi propia experiencia, que podrán salvarnos de sentir vergüenza al mirarnos al espejo al día siguente, el día de la publicación.
El ejercicio toma sólo 5 minutos. Y es este:
INTENCION
1. ¿Qué busco con esta nota?
2. ¿Para quién la escribí?
3. ¿La información le sirve al lector?
FUENTE
4. ¿Quién es mi fuente (o fuentes) y cuáles sus intereses?
5. ¿A quién ayuda/ A quién afecta?, ¿Busqué ambas versiones y las consigné?
6. Si mi fuente es oficial, ¿quién puede contrastarla?
7. ¿Lo que afirmo tiene suficientes fuentes que lo sustenten?
SENCILLEZ Y CONTEXTO
8. ¿La entendería mi mamá o mi tío o mi vecino? ¿Qué le falta?
9. ¿Explica las causas del problema? ¿Adelanta las consecuencias?
CAPTAR INTERÉS
10. ¿Invita a leerla? ¿Está bien escrita, tiene buen desarrollo y estructura?
JUSTEZA CON LOS INVOLUCRADOS
11. ¿Cómo o con qué valores describo a los protagonistas? ¿Los estereotipé, reflejé mis prejuicios?
12. ¿Fui justa con los involucrados en la nota?
DAR VOZ
13. ¿Entrevisté a puro "especialista"? ¿Por qué no agregar la opinión de gente organizada contra ese mismo problema?
14. ¿Hay mujeres en mi texto? ¿Y niños?
15. ¿Qué especialista, organización social o voz ciudadana puede enriquecerlo?
16. ¿Busqué a las mismas fuentes de siempre o di cabida a nuevas voces?
SOLUCIONES
17. ¿Ya busqué qué soluciones se han encontrado al problema que denuncio? ¿O quién ha hecho algo al respecto?
18. ¿En algún párrafo abrí "ventanas de esperanza" que den a entender a mis lectores que hay cosas que se pueden hacer para cambiar la situación ( como cuadros con herramientas, propuestas, ejemplos exitosos, comparaciones con otros casos, historias de gente que hizo algo para cambiar la situación...)?
19. ¿Esta nota alienta la confrontación o ayuda a la solución o entendimiento de un problema?
20. ¿Omití alguna buena noticia o acción positiva relacionada con el tema que haya surgido durante la investigación?
SEGUIMIENTO
21. ¿Qué seguimiento le voy a dar mañana para insistir sobre el asunto? ¿Lo voy a dejar morir?
HUMANIZAR
22. ¿Puedo humanizar este texto con historias, testimonios, voces de personas que involucren al lector y le hablen de su propia realidad?
23. ¿Los números, estadísticas y cifras que presento están contextualizados con referentes que le digan algo a los lectores?
ANGULO
24. ¿Mi ángulo es lugar común, y si es así cómo lo puedo enriquecer?
25. ¿Cómo puedo escalar este tema para portada? ¿Con qué ángulo, entrevista, dato o agregado?
26. ¿Investigué si se publicó antes en algún otro diario, con qué ángulo? ¿Qué es lo novedoso del mío?
AUTOCENSURA
27. ¿Me autocensuré? ¿Qué no escribí? ¿Por qué?
APOSTAR POR EL CAMBIO
28. ¿Reproduzco en mi nota algún estereotipo O prejuicio?
29. ¿Discrimino a alguien con las palabras que utilizo?
30. ¿Mi planteamiento ayuda a perpetuar alguna estructura social injusta o a excluir a los mismos de siempre?
PROFUNDIZAR
31. ¿Qué vínculo económico - político - social tiene mi nota?
ERRORES
32. ¿Leí mis voz detenidamente (y en voz alta) antes de entregarla para cerciorarme de que no tiene errores?
33. ¿Verifiqué cada hecho que consigno? ¿Los nombres, las fechas y los lugares?
34. ¿Éntiendo todo lo que escribí? ¿Aclaré mis propias dudas con la persona indicada?
RESPONSABILIDAD
35.¿Mañana que se publique mi nota voy a poder verme al espejo sin sentir vergüenza?
El dulce sabor de la caña con olor a muerte

Darío Dávila
Puebla.-Ya no supieron de él. Lo vieron cruzar a sus 12 años la milpa y treparse a un camión dejando atrás San Nicolás Tolentino y sus campos de caña. Pero Ángel Leoncio regresaría a la memoria del pueblo 30 años después: era el “Asesino de las vías”.
En San Nicolás Tolentino nunca sepultaron el recuerdo de Angel Leoncio. Por eso, cuando una tarde de junio vieron a unos gringos llegar en camionetas para preguntar por Ángel, la memoria del pueblo revivió: ese niño, que ahora tenía 39, lo buscaba el FBI por un extraño rito: asesinar siempre en las cercanías del ferrocarril.
¡Sí, soy yo! –dijo don Rafael Reséndiz, tío de Àngel Leoncio, cuando los agentes del Buró Federal de Investigación se le aparecieron hace 8 años.
Don Rafael y San Nicolás Tolentino estaban en la base de datos del FBI. Su nombre para los investigadores no era gratuito. Ángel Leoncio, el niño a quien don Rafael crió recién nacido, había decido llamarse así desde que llegó a Estados Unidos a finales de 1976.
Así que la visita de los agentes a hasta el pueblo de San Nicolás Tolentino tenía un objetivo: cazar al mexicano que según ellos, podría estar ocultó entre la gente que lo vio crecer.
Don Rafael Reséndiz, recuerda ese momento y narra: “Llegaron varias camionetas y andaban por todo las calles del pueblo. Entonces fueron a buscarme cuando regresaba de ver lo de la siembra…para ese momento supe lo que había hecho Ángel”.
El hombre acaricia los 72 años. No le gusta hablar mucho y con trabajos suelta: - Me lo trajeron cuando estaba recién nacido. Mi hermana Virginia Reséndiz, me lo dejó. Ella tuvo que irse. No sé por qué su padre se apartó de ellos. Sólo vino una mañana y me lo dejó”…
- ¿Y ya no le dijo nada más don Rafael?
- No, se fue y ya no regresó.
¿Tendrá una foto de él?.
¡Ah sí!, deje ver. ¡Vieja –le pregunta entre gritos a una mujer que asoma de su casa- ¿tenemos de cuando Ángel estaba chiquillo?. La mujer asienta con la cabeza.
¡Híjole a ver si las encuentro!.
Transcurren los minutos y no pasa nada. Al contrario, don Rafael, sus ojos lagañosos y sus piernas parecen cansarse del reportero.
¿Y dígame don Rafael, qué recuerda de Ángel?
Pues era alegre como todos los niños. También Juguetón. Los sábados me lo llevaba al campo. A la caña. Y ¿sabe algo? Él conoce el campo. Aquí se crío. Siempre ignoramos porque desapareció. Una tarde ya no regresó de la escuela.
El señor Rafael se detiene por un momento en la plática. Se le recuerda la petición de la foto de Ángel, Hace que no escucha. Mejor sigue contando: …con decirle que hasta mi madre, hasta le ponía ofrenda cada año, porque nunca supimos de él. Me acuerdo que se ponía a jugar con sus amigos y se iban a nadar al río.
-Mire –dice señalando el horizonte- ¡allá se ponía a jugar con sus amigos de la primaria.
A don Rafael se le acaban pronto las palabras. También la paciencia. -Con su permiso –dice con dejo de fastidio- tengo que irme. Entonces se mete a casa y cierra la puerta.
Más abajo, las coordenadas del don Rafael dan en el blanco. Ahí, a unos 500 metros está el río donde jugaba Ángel al salir de la primaria. Ahora lleva detergente, orines y algunos cadáveres de perros. No queda nada de esa poza donde el niño menudito se echaba clavados para apaciguar el calor de aquel pueblo de un calor remilgoso.
UN ALCATRAZ VS 3 MIL ESCUDOS
23/03/2008
13/11/2007
¡Vamos, deja tu mensaje! Sólo escribe sobre el Post-It y listo.
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Hacer visible lo invisible

Estoy cierto que los seres más anónimos son los que tienen más fuerza a la hora de pelear por la libertad, contra la violencia y la injusticia. Son ellos los que luchan contra la invisibilidad, el empeño; contra la exclusión, la voz; contra la desigualdad.
Por eso, creo que las únicas personas con derecho a ver imágenes de sufrimiento extremo son las que pueden hacer algo para aliviarlo o las que pueden aprender de ello. Los demás somos mirones, aunque no tengamos que serlo. Por eso, todo lo que veo convive conmigo y yo tengo que hacer algo con eso, porque si no son cosas que se pierden dentro de uno. Uno tiene que encontrarle un camino a lo que vio. Lo que veo tiene una dirección, el camino me va a ir llevando hacia un determinado lugar. Yo siento que algunas cosas las pienso yo y otras evidentemente me las presenta el destino o el camino.
12/11/2007
06/11/2007
22/10/2007
Te echo de menos
Te echo de menos,
la cama revuelta,
ese zumo de naranja
y las revistas abiertas.
Y en el espejo
ya no encuentro tu mirada
no hay besos en la ducha,
ni pelos, ni nada.
Y entre nosotros,
un muro de metacrilato
no nos deja olernos
ni manosearnos.
Y por las noches
todo es cambio de postura
y encuentro telarañas por las costuras.
Lo mismo te echo de menos, lo mismo
que antes te echaba de más.
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
Echo de menos
el crujir de tus tostadas
sentir por el pasillo
tu gato que araña.
Y en mi camisa
llevo tu aroma preso,
y el rojo de tus labios por el cuello.
Y entre nosotros,
un muro de metacrilato
no nos deja olernos
ni manosearnos.
Y por las noches
todo es cambio de postura
y encuentro telarañas por las costuras.
Lo mismo te echo de menos, lo mismo
que antes te echaba de más.
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
Porque si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
(Llora que tú tienes que llorar hasta llenar la cantimplora
con aquellas lagrimitas por lo que más querías)
Si tú no te das cuenta de lo que vale,
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape lo que más querías.
26/08/2007
"Juanito, le dije, ayúdame a cruzar..."

Es probable que esta historia sea un mal entendido. Imagino a Juan corriendo por el panteón pidiendo que no lo maten. Gritando que él no violó a la niña. Que eso era mentira. Lo que no me queda claro es por qué después de tantos años, Juan se ha convertido en un santo venerado por emigrantes y polleros.
Ahora sé que le dicen “Juan Soldado”, “Juanito”, “Juan Castillo Morales” y que su altar está en una colonia de Tijuana que de noche, es como una enredadera de lucecitas opacas de árbol de Navidad, metidas en una caja de cartón carcomida por la humedad de los años.
Sé que la fe en este supuesto violador y asesino de una niña provoca que la gente le pida en cartas: “Juanito, por favor, cuida a mi familia porque voy a cruzar para el otro lado. Te pido que los protejas de la Migra. El pollero va ir por ellos a Mexicali…”
Declara doña Virginia Rodríguez, quien a las afueras del Panteón municipal 1, hace negocio con la historia de este soldado raso muerto el 17 de febrero de 1938: “Personas que vieron su muerte me han dicho que era inocente. Por eso me dijeron que vendiera mis cositas (recuerdos y figuras de Juan Soldado) con confianza. Que a nadie le estaba haciendo daño”.
-¿Daño?, le pregunto.
- “Sí. En un principio que empecé a vender sus cosas me asustaba. Hasta que alguien me dijo, cada quien tiene derecho a creer en lo que quiera, tú estás vendiendo porque es tu trabajo. Desde entonces me sentí bien. Pero sí, hace milagros….”
- ¿Cómo cuales?
-“Mire, si pasa a su capilla, verá muchas placas de gente que le pide que le ayude a pasar al otro lado y los ha ayudado. Le piden pa’l pasaporte, pa’las enfermedades”.
-¿Y ha cumplido algo de eso?
- “Yo creo que sí les ayuda porque si no la gente no volvería. Yo pienso que si no se cumpliera lo que le piden, no regresaría la gente”.
La mujer vende desde hace años pedacitos de fe con la figura de “Juan Soldado”, afuera del camposanto donde lo mataron. “También me han dicho de enfermedades, de cánceres, de los ojos y detalles así que a mí se me hacen milagros”.
‘Te pido que lo mates’
Adán Rangel Dueñas, un maestro de secundaria de Ciudad Obregón, Sonora, quiso comprobar que este supuesto santo también las puede para materias como la estadística.
Está sentado sobre una tumba fumando: “Como yo no pasaba la materia de Estadística porque no tengo esa capacidad, vine, acaricié su cara y lo persigné y le dije: “¡Juanito, ayúdame! Tú sabes que vengo desde muy lejos y sería muy triste para mí que este maestro se ensañe conmigo y me repruebe….”
Como fuese, a Adán, que estudia la maestría en Educación Superior en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), le funcionó la receta: el maestro no lo reprobó y está por concluir la maestría.
¿Y qué hay del maestro que quería tronarlo? Es probable que éste no sospeche que Adán también le pidió a “Juan Soldado” que lo enviará muy lejos, donde “no haga daño” a más estudiantes.
Adán también confiesa que una tarde se aproximó a la capilla del panteón y al acercarse vio a una mujer hincada pidiendo a Juan Soldado: “Por favor, Juanito, te pido que lo mates…”.
Entonces – dice Adán- decidí alejarme y me dio mucho coraje, porque eso significa que mucha gente también le pide que haga daño a otros.
Un santo de mandíbulas apretadas
Parece que “Juan Soldado” tiene tres personalidades. La del niño de 12 ó 13 años que está parado al lado de una mesa con una cruz, la del adulto de casi 30 años con un bigote diminuto, mirada desconfiada y mandíbula apretada, y la del personaje que de la nada se convirtió en un santo, a pesar de ser asesino confeso de la niña Olga Camacho Martínez.
Olga, recuerda Sergio Vázquez Ruiz, presidente de la Sociedad de Historia de Tijuana, había sido enviada a la tienda pero ya no regresó. “Dicen que ella pasó por el cuartel militar donde estaba Juan Soldado”.
El testimonio de Sergio coincide con lo dicho por el tío de la niña Olga, José María Camacho, al semanario Zeta de Tijuana en 1991: “Cuando no regresaba y no regresaba, comenzamos a buscarla por todos lados y nada. Seguimos buscando, hasta que por fin la encontraron en el garaje de la guarnición”.
“Estaba casi descuartizada. Violada, y la niña con cabellos del soldado en la mano; lógicamente había tratado de defenderse. Dimos aviso a la policía y todo, pero entonces estaba el general Contreras de jefe de guarnición. Le achacaban el crimen a un capitán. Mentiras. Fue él, fue Juan Soldado, inclusive llegó a su casa todo sangrado y su esposa lo vio”.
Sí, recuerda Sergio Vázquez: “Juan Castillo Morales, apareció con las ropas ensangrentadas. Había sido un día lluvioso y quedaron las huellas sus botas”.
“Entonces se levantó un clamor social. Protestaron por la muerte de la niña. La gente decía que Juan Castillo era un chivo expiatorio y que el verdadero culpable era un jefe militar de alto rango”.
Y agrega: “La gente incendió el Palacio de Gobierno y la Comandancia de la Policía. Incluso tuvo que venir gente del FBI de San Diego para investigar el asesinato. Mandaron a un tal Ed Dieckmann, que era jefe de dactilografía y él comprobó que Juan había matado a la niña”
- ¿Y por qué la gente creía en su inocencia?
- Porque el pueblo es muy dado a hacer esas conjeturas. La gente por ingenuidad no tiene la cultura para discernir y se va con la leyenda. Eso viene de la gente más humilde.
- ¿Todos le creyeron?
- “No todos. Hubo un total rechazo a la figura de Juan Soldado de parte de los sectores de clase media, pero Juan no deja de ser un asesino mal venerado”.
Degolló a la niña
Quien también sabe de esta historia es el doctor Clemente González, maestro universitario de la UABC. Su padre vivió el caso. “Nosotros tenemos fotos que demuestran que la niña fue golpeada. Le hicieron un tajo en el cuello de cinco pulgadas. Sabemos que la niña también se defendió. Tenía pelusa del uniforme de Juan Soldado en sus manitas. Ahora nos preguntamos: ¿por qué la niña violada no pasó a ser una Santa y este fenómeno se fue hacia Juan Soldado?”.
Y suelta: “Estoy en contra de que a un asesino, violador, le tengan un altar. El reporte de la policía de San Diego, encontró que era la misma sangre”.
“Yo vivía -recuerda- a dos cuadras del panteón donde fusilaron (el 17 de febrero de 1938) a Juan Soldado. Y un día, mi padre nos vio que llevábamos unas piedras y unas velas porque veíamos que la gente le aventaba piedras y le pedía perdón. Entonces mi papá nos regaño porque dijo que era un asesino”.
“El 17 de febrero de 1938 mi padre, Clemente González Preciado, estaba tomando un curso de Comercio en la escuela Álvaro Obregón, pero se fue de pinta. Él fue uno de los testigo. Vio cómo Juan Soldado, una vez que hallaron culpable, corrió después de la primera carga de disparos. Después siguió corriendo hasta que se cayó nuevamente y un oficial le pegó un tiro de gracia en la cábeza”.
“Las evidencias ahí las tenemos. No estamos contando una anécdota. En este caso, nosotros nos preguntamos a qué se debe que lo hicieran santo”.
No hay evidencias de su culpabilidad
Pero Manuel Valenzuela Arce, investigador del Departamento de Estudios Culturales del Colegio de la Frontera Norte (Colef), afirma que no hay pruebas de que Juan Soldado sea el asesino de Olga.
Y platica: “La gente que empieza a crear a Juan Soldado fueron los mismos que buscaron lincharlo. Eso anidó la posibilidad de que se dudara de su culpabilidad. La Secretaría de la Defensa Nacional no tiene registro de esto”.
“Al comienzo, los telegramas hablaban de que varios soldados habían participado. Luego sólo apareció uno: Juan Castillo”.
Para el investigador, el culto cobra fuerza a partir del contexto en que ocurre.
Por ejemplo: “Había incertidumbre presidencial de Lázaro Cárdenas de cerrar los casinos y las casas de juegos en las ciudades fronterizas. Esto afectaría a los dueños y a los empleados que laboraban en esos espacios”.
Además, el 16 de enero de 1938, cuando la junta local falló a favor de la decisión del presidente Cárdenas, se declaró el Día Sangriento de Tijuana. Hubo balaceras. La gente cerró el cruce fronterizo, bloquearon las calles. En esas fechas (cuatro semanas después) ,ocurrió la violación y muerte de la niña Olga”.
“Fue esa misma gente la que incendió el palacio municipal y la policía. A Juan lo declararon culpable y se le ejecutó públicamente. Y cuando le iban a dar el tiro de gracia, volteó a ver un capitán y le dijo: ‘Mi capitancito, y qué pasó con lo que usted me prometió’. “Y a partir de ahí surgió el mito”.
- ¿Y por qué acude la gente a Juan Soldado?
- “Por los amplios campos de incertidumbre, de demandas insatisfechas. En estos casos se recurre al santo milagroso”.
Jorge Morales, periodista del diario hispano La Opinión, en Los Ángeles, también ha escrito del fenómeno y sugiere: “Esto tiene que ver con los emigrantes, quienes en busca de una vida mejor al otro lado de la frontera, tratan de encontrar en la imagen de un santo lo que su país no les puede dar: esperanza. Llegar ‘al otro lado’ significa para ellos un milagro”.
Basta mirar al interior de la capilla de Juan Soldado para darse una idea: “Juan Soldado, gracias por ayudarme a lograr mi libertad”, le dice una placa.
Algunas de plano cuentan: “Yo quiero decirles que desde 1994 había escuchado hablar de Juan Soldadito, me habían dicho que es muy milagroso y vine a pedirle ayuda, pues choqué. La persona que me pegó me echó la culpa a mí y yo le pedí a Juan Soldadito que me ayudara. Cuando me llevaron a la Corte, la abogada del sujeto me preguntó muchas cosas pero entre otras me preguntó: ¿Cómo son los semáforos? ¿redondos o cuadrados? Con los nervios no sabía que contestar en ese momento, y oí una voz muy fuerte que me dijo al oído ‘Redondos’ y al mismo tiempo grité yo: ¡Redondos! y yo sé que fue Juanito Soldado el me que ayudó”.
Alguien más le pide: “Juanito, necesito que me ayudes a cruzar, porque voy llevar a mis hijos por el desierto, el pollero los va a recoger en Mexicali”.
A la salida del panteón, un taxista que me saca de la colonia pregunta si yo también le pedí algo a “Juanito”. Le digo que no. Y me sugiere: “Usted tenga fe, ya verá que le va a cumplir su manda, porque también hay malandros milagrosos”.
**Te recomiendo que le eches un vistazo al clip de esta historia:
La 54

Ahora que voy en camino por la 54 miro los pedacitos de sol que se van pintando de rojo cuando las nubes empiezan a cerrar el cielo. En esos pedacitos de cielo apareces tú. Apareces en la gota que resbala por la venta del camión y que se rasga por el viento que se la lleva. Apareces en lo impensable. Ayer por ejemplo te mire caminar mientras comía. Salí a buscarte pero yo estabas. También te miro en la muchacha que me lleva el platillo a la mesa y que lleva vida en su vientre. Otras veces, te busco entre las miles de lucecitas y calculó el tiempo y la distancia que tardaría en llegar a ti desde la ventana del avión. La verdad estas palabras me salen de la nada. Decidí ponerme la portátil en las piernas y que los dedos y el corazón hicieran el resto. Por eso lo que escribo tiene urgencia. Porque mañana es tarde para decírtelo. Porque no tengo una agenda para ponerle hora y fecha a lo que siento y quiero decir. Porque no hay mejor agenda que el mirarte feliz y plena. Tengo los audífonos puestos y las tripas de la panza ya me suenan. Hoy, cuando abrí los ojos estos apuntaron hacia ti. Mentiría al decir que puedo controlar esa emoción. La verdad es que soy muy malo para ello. A veces me vuelvo un hombre de piedra. Pero aquí, en la 54, me he quitado ese traje. Me asomo por la ventana y ya no veo nada. Ha oscurecido. Solo observo una luz que alumbra un poquito la carretera y al chofer que me lleva a hacia ti. Ahora se que esa lucecita, la que alumbra el camino, es muy parecida a la que me mueve. Porque quererte es una lucecita, es un acto de fe.
21/07/2007
"Estigmas" hechos en casa

DARIO DAVILA / Publicado en Vanguardia y Reporte Índigo.
La sangre de Beto debe ser muy amarga cuando se mezcla con la hostia consagrada que se mete a la boca. A él le fascina presumir cosas así. Le encanta —por ejemplo— mostrar que es una suerte de mediador celestial.
Y no importa que para lograrlo tenga que visitar a un experto en tatuajes para pedirle un “branding” (que le quemen la piel) para simular “estigmas sangrantes” en ambas manos. Total, los “estigmas” —pensaría este muchacho— son cosas de Dios.
¿Qué sentirá este joven cuando se muerde las paredes interiores de sus labios para hacerlos sangrar? ¿Cómo le hará para imitar casi a la perfección la voz de una mujer? ¿O para que su aliento huela a rosas? ¿O simplemente para que la Virgen sea a través de él, una experta en bienes raíces que le pide un terreno para una iglesia? Este pedazo de historia y estas preguntas, las conoce muy bien la Iglesia, pero de eso hablaremos más tarde.
Beto, el de la calle Otilio González en Saltillo. El joven visto casi 20 mil veces en el sitio Youtube.com. “¡Sí!”, dice uno de sus vecinos que lo vio pasar varias horas y días en un Internet de Abasolo leyendo temas de apariciones religiosas y santos no reconocidos: “¡Es un vidente de Internet!”.
Otro testigo agrega: “Aquí venía seguido acompañado de una muchacha como de su edad, pero dejó de venir cuando se hizo famoso”. Y adereza de forma irónica : “¡Hasta pensé en poner un letrero afuera que dijera: ‘Aquí estuvo Betito y sus poderes’”.
Beto no le juega al ingenuo. Sabe que desde principios de 2005 la Iglesia le sigue los pasos. Primero porque inyectó a sus 16 años aceite a una figura de San Charbel y juró que ésta sangraba. Luego, porque comenzó a amalgamar una red de varios seguidores que vinieron de San Pedro y Monterrey, Nuevo León; Chihuahua, Guadalajara, Estado de México, San Luis Potosí y por supuesto Saltillo.
Se habla de una red de más de 3 mil 500 personas que han depositado su fe —incluido el poderoso grupo religioso y económico de los Legionarios de Cristo— en este muchacho, a quien la Virgen le pidió “no estudiar la preparatoria”, mucho menos hablar con reporteros sobre esa aparente conexión celestial que le rodea.
Su madre, doña Guadalupe Suárez, sabe mucho del tema. Sin abrir mucho la puerta de su casa, dice: “No puedo darle información de nada, estamos en obediencia por órdenes del señor obispo Raúl Vera”.
-¿Y hay alguna misa próxima donde se pueda hablar con su hijo?-
“No, nosotros tenemos que obedecer a la Iglesia, no decir absolutamente nada. Luego cierra la puerta, y se pierde al interior”. Es probable que la obediencia de la señora Guadalupe no le permita conocer que el martes pasado, la Diócesis de Saltillo tuvo un cónclave con uno de los círculos más cercanos a “Betito”.
Una reconstrucción de esa reunión con varios de los asistentes, logró establecer que los simpatizantes del muchacho tuvieron acceso a las investigaciones eclesiásticas y científicas que durante dos años hizo —pacientemente— la Iglesia para estudiar y discernir sobre este muchacho.
Por ejemplo, un examen de ADN —indica uno de los informantes— permitió descubrir que las supuestas hostias que se convertían en sangre, era en realidad sangre de Beto, que se mordía las paredes de los labios para hacerse heridas y que la hostia consagrada simulara sangre.
Algo más: a mediados de marzo pasado, en vísperas de Semana Santa, Beto visitó el local de tatuajes “Icarus”, en el centro de esta ciudad, donde pidió sin éxito que los especialistas le hicieran un “branding”: una técnica para escribir en la piel diseños indelebles a través de una quemadura. Con este método, la herida permanece abierta por un tiempo más prolongado, conforme se va raspando la costra.
“Sí, aquí vino, pero no le hicimos el trabajo porque era menor de edad”, confiesa el encargado del local. Sin embargo, Beto aparecería semanas después ante algunos de sus seguidores para declarar: “¡Miren, me están saliendo estigmas!”.
“Afortunadamente uno de los muchachos que lo conocía se dio cuenta cuando “Betito” fue a ese lugar, y por varios testimonios recopilados nos dimos cuenta de que estaba mintiendo y que incluso fue en diciembre del 2006 a pedir una perforación”, expresa otro de sus ex seguidores.
Un informante más agrega: “Descubrimos después que él mismo se hizo las heridas”.
Pero Beto no ve las cosas así. Uno de los investigadores del caso sugiere al respecto: “El obispo Raúl Vera ya le redactó una carta de amonestaciones que está en manos del joven, pero éste niega todo”.
-¿Qué sigue entonces?-, se le pregunta al investigador.
“Se le pueden suspender los sacramentos...”.
-¿Y qué pasó con la multiplicación de signos que todo mundo espera?-
“Todo eso es mentira. Beto ha tenido desobediencia, digamos que ahora tenemos que ayudarlo a entender que ha cometido errores.
Por eso mismo la Iglesia fue muy prudente con este caso y realizamos varias entrevistas, hay más pruebas que después serán presentadas.
“De hecho, entre los elementos que a decir de las fuentes consultadas, serían exhibidos por autoridades eclesiásticas, será la manipulación que el muchacho hace de varias familias en Nuevo León y Saltillo.
“Muchas de ellas decidieron quitarle el respaldo, luego que el obispo Vera les presentó las pruebas”, indica la fuente.
Pero desde Nuevo León, donde se ha conformado, según testigos, un grupo de “Doce consejeros” de Beto, se está forjando lo que sería la “aparición” de una Virgen en un terreno, que en teoría ha sido adquirido en la zona de La Carbonera en Coahuila, y que incluso fue visitado el pasado fin de semana por varios de los seguidores del muchacho.
“Beto duerme dos o tres veces por semana en casas de familias que se turnan su visita”, explica uno de los señores que le llegó a prestar su domicilio en Saltillo para que el joven pasara la noche.
-¿Entre esas familias estará gente relacionada con los Legionarios de Cristo?-, se le pregunta.
“Sí, ya hablamos con personas de los Legionarios y están convencidos de que es una trampa”.
Trampa o no, las ausencias de Alberto Solís en su casa de Otilio González en Saltillo, coinciden con los testimonios. La Diócesis de Saltillo así lo piensa y así lo sabe. También sabe que Beto está en cuenta regresiva para cumplir con lo que prometió: “que el 2 de agosto se aparezca doce veces la Virgen y sean sanadas 100 personas en un terreno de La Carbonera”.
Para entonces habrá que descontar las ostias embarradas de sangre de la boca de Beto y sus "estigmas", talladas por él mismo.
24/05/2007
PRUEBA DE FE
Que el aliento de “Beto” es de rosas, que su voz parece femenina cuando habla con la Virgen, que es toda religiosidad, que sus vecinos le respetan y temen, que vienen de lugares lejanos a verlo, que engaña, que dice la verdad, que nunca está en casa, que no habla con periodistas porque así se lo piden sus guías espirituales.
Habrá que sumar muchos “ques” porque así es “Beto”, un adolescente que simula clandestinidad y un culto de fe en la calle de Otilio González en el corazón de Saltillo. Un muchacho con supuestos dotes de sanación y una historia reciente que lo catapultó a lo que ahora es: “El niño que habla con la Virgen”.
Sí, el mismo que hace año y medio fue desmentido por una investigación de autoridades eclesiásticas cuando presumía tener en sus manos una figura de San Charbel, que según “Beto” sudaba aceite bendito cuando le rezaban. En realidad no era así. La figura –descubrió la investigación oficial- había sido inyectada de aceite y los rezos de “Beto”, no la hacían sudar. Era un truco.
Pero esta prueba de fe que ahora se cuela entre los cafés de señoras que conocen del rito es una bola de nieve que lleva dos años rodando. Creciendo. Lo saben los vecinos de este barrio de calles anchas y casas viejas de paredes repintadas. Lo sabe uno de sus vecinos que asoma por su ventana y sugiere: ….pero que no lo vean platicando conmigo no quiero tener problemas.
- ¿Por qué el miedo?, le preguntan los reporteros.
- Es que le digo que son medio especiales...
A unas cuadras de ahí, en una tienda, otro tramo de las voces que acompañan la historia de este muchacho sugiere: “Yo soy su vecino pero el otra vez, vi que maldijo a una señora y se supone que alguien que hace el bien no dice esas palabras ¿o no?”.
El hombre sale de una tienda donde se oye una canción ochentera de Boney M: “Where will this lead to and what is this good for? A Poor World, Poor World…”, luego el sonido extingue con la partida de los reporteros que metros adelante hallan a don Alberto Solís, padre de este adolescente que abandonó el primer año de preparatoria y que nunca está en casa, salvo cuando hay rosario.
¿Está Beto?
No, fíjese que salió temprano
¿Y dónde fue?
Pues no sabemos dónde anda, se sale y ya
¿Pero la fe debería ser pública no?
Mire, yo no le puedo decir nada
¿Quién se los prohíbe?
Entienda que es un mensaje de Dios nuestro señor. Pronto se sabrá todo..
¿Cómo?
Sí, Beto ya se ha reunido con nuestro padre Vera (el Obispo)
¿Y hay sacerdotes que le están dando seguimiento?
Sí, tiene sus guías espirituales…pero entienda, no le puedo decir más.
¿Su hijo curaba inicialmente con San Charbel?
Sí
Don Alberto, tiene urgencia por marcharse. Es medio día y la puerta donde vive y se desarrolla es culto masivo a través de un muchacho se mantiene cerrada. Tan cerrada como la investigación de la que no hablan, ni “Beto”, ni sus papás. Sólo un sacerdote que oficialmente, siguió el caso: el padre José Luis del Río y Santiago.
Y recuerda: Sí, él tenía la imagen de San Charbel en su casa. La gente decía que salía aceite de ella y que él (Beto) les ungía la frente y caían en desmayo por el espíritu…. Pero en día ocurrió algo extraño: Un joven que fue ungido con ese aceitito comenzó a transformarse, tenía rigidez, se le volteaba la cara, toda chueca y hacía las manos como si fuera un perro, hasta ladrando como un perro, no se podía controlar.
Entonces –dice el Padre- el muchacho lo ungió con el aceitito y trató de exorcizarlo pero no pudo, luego me lo trajeron aquí y yo tuve que hacer oración de liberación por él y después les dije, tráiganme también la imagen para examinarla, y sí, me la trajeron.
Con estudios de teología, químico farmacobiólogo por la UNAM y permiso del Obispo para realizar exorcismos, el sacerdote de la parroquia del Ojo de Agua, sigue contando: En aquella ocasión me entregaron la figura de San Charbel en un refractario lleno de algodones empapados de aceite. Luego, usé el laboratorio de análisis clínicos y pedí a la química limpiar la imagen y el refractario.
Después –agrega- ya limpia ésta, me la trajo aquí a la oficina y en el refractario puse una hoja de papel blanco. Coloqué ahí la imagen. Dibujé con lápiz la silueta de la base. Le puse en el papel fecha y hora y a las 12 horas examiné el papel. Al levantar la imagen todo lo que tenía era que por abajo había un agujerito pequeño por donde se escurría una gotita de aceite, como que se había embebido de ese líquido y el sobrante estaba saliendo de ese agujerito.
- ¿Y luego padre? - Entonces la mancha de aceite que salía la dibujé con lápiz, le quité esa hoja, le puse una hoja nueva y le volví a poner la fecha y la hora, y la estuve cambiando cada doce horas por espacio de quince días. El resultado fue éste: la mancha de aceite se fue haciendo chiquita, chiquita, chiquita, hasta que fue un puntito de aceite, todo el aceite remanente se le acabó, no había nada de aceite, no sudo nada de aceite, ni de las manos ni nada.
A las semanas “Beto” regresó a la oficina y al enterarse que la imagen ya no expelía aceite, encontró la solución: Padre- dijo- es necesario rezarle para hacerla sudar. Así que el cura invitó a “Beto” y a toda su familia a rezar, pero las oraciones no ayudaron, San Charbel permanecía seco.
La familia se marchó pero “Beto” regresó a los días para pedirle al cura que le prestara la imagen. Tras rehusarse en varias ocasiones, el padre José Luis cedió y de “Beto” no se supo más.
Algunas semanas después el padre José Luís mandó a una persona de la parroquia a ver cómo estaba la imagen el refractario estaba lleno de algodones y el santo empapado de aceite. “Entonces se desenmascaró pronto que no era auténtico. No se trata de algo de Dios, debe tener algún truco, y le está sacando dinero a toda la gente. Ya no esta obrando de buena fe, la Biblia dice que si el carismático desobedece, tiene que ser desechado…”
Pero quienes no desechan la idea de creer en este adolescente son señoras, hombres y niños que han llegado –incluso de otros estados- a confirmar lo que se dice de este niño.
Uno de los recientes testigos cuenta: “Después del rosario yo volteé y vi el cielo. Y voló como una nube grande. Formaba como cinco chopos. Duraron como 20 segundos y se volvieron a desaparecer uno a uno y luego con los flash de las cámaras salieron muchos discos, o sea gente que vi que tomaron fotos vieron todos los brillos que saltaron y estos estaban llenos de escarcha”.
Después de lo de la escarcha el niño entró en un estado muy profundo de oración y la Virgen le mandó el mensaje de eso, o sea, rezar, rezar, rezar….
“Al final nos quedamos como unos 30 o 40. Haz de cuenta que empezaron a cantar y todo, y él se ponían una cruz en la frente que decía algo así como ¡Jesús esté contigo! y todos los presentes estaban tendidos en el piso. Oyendo todo. Nada más dos personas y yo y otra mujer que me acompañó estábamos de pie”.
La voz agrega: “Yo, al niño al menos lo vi muy espiritual, tiene una forma muy especial de rezar el rosario, una persona que realmente la vez demasiado cerca de Dios, de la Virgen, pero no está buscando otra cosa mas que pedirte que estés muy cerca de Dios, que hagas tu vida normal, pero que nunca te olvides de Dios”.
Una señora más que estuvo presente confirma: “…Sí, yo creo que el muchacho es toda religiosidad…hasta te regala un poco de aceitito…”.
08/05/2007
PRINCESAS.

Ella dice: "Siempre he pensado que las princesas son tan sensibles que notan la rotación de la tierra por eso se marean tanto ¿lo sabías? Son tan sensibles que si están lejos de su reino se enferman que hasta se pueden morir de tristeza".
"¿Es rara la nostalgia verdad? Porque tener nostalgia en si no es malo. A veces te pasan cosas buenas y las echas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para echarlo de menos".
"¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado? A mí, a veces me pasa, que me imagino cómo van a ser las cosas, los hijos por ejemplo o con la vida en general y luego me da pena de lo bonitas que iban a ser, porque iban a ser preciosas, en serio preciosas y luego cuando lo pienso, me da nostalgia, porque iban a ser tan bonitas y pronto me doy cuenta que aún no han pasado y a que a lo mejor no pasan nunca, me pongo súper triste".
"-¿Sabías que aquí donde estoy ahora el mar es muy importante?"
"- No hay mar aquí "
"-Por eso….es donde más se piensa en él. Las cosas no son importantes porque existan, son importantes si se piensa en ellas, como tu que no estás y que pienso en ti cada día, por eso existes, porque piensan en ti. Mi madre lo dice siempre: existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés".
El mejor día
"Hay un día ya verás. Ese día es el mejor. Todo es bueno, Ves a la gente que quieres ver, comes la comida que más te gusta y todo lo que te pasa ese día es lo que quieres que te pase. Si pones la radio, la música que suena es tu canción favorita. Si vas a la tele ese día, por ejemplo, a un concurso, lo ganas todo. El dinero, los viajes
Fíjate bien lo que te digo, todo. Pasa sólo una vez en la vida, por eso tienes que estar muy atenta, no sea que se te pase. Es como un desvío, como cuando vas por la carretera y hay una desviación pero a lo mejor vas hablando por el teléfono, o discutiendo o pensando en lo que sea y no te das cuenta y se te pasa y te jodiste porque ya no puedes volver atrás. Ese día es lo mismo: un desvío. Es muy importante porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Si por ese camino que es nuevo o no. Por eso tenemos que estar muy atentos. Porque hay muy pocas cosas buenas. Y si encima se te pasan porque estás hablando por teléfono...sería una lástima".
"¿Es rara la nostalgia verdad? Porque tener nostalgia en si no es malo. A veces te pasan cosas buenas y las echas de menos. Yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para echarlo de menos".
"¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado? A mí, a veces me pasa, que me imagino cómo van a ser las cosas, los hijos por ejemplo o con la vida en general y luego me da pena de lo bonitas que iban a ser, porque iban a ser preciosas, en serio preciosas y luego cuando lo pienso, me da nostalgia, porque iban a ser tan bonitas y pronto me doy cuenta que aún no han pasado y a que a lo mejor no pasan nunca, me pongo súper triste".
"-¿Sabías que aquí donde estoy ahora el mar es muy importante?"
"- No hay mar aquí "
"-Por eso….es donde más se piensa en él. Las cosas no son importantes porque existan, son importantes si se piensa en ellas, como tu que no estás y que pienso en ti cada día, por eso existes, porque piensan en ti. Mi madre lo dice siempre: existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés".
El mejor día
"Hay un día ya verás. Ese día es el mejor. Todo es bueno, Ves a la gente que quieres ver, comes la comida que más te gusta y todo lo que te pasa ese día es lo que quieres que te pase. Si pones la radio, la música que suena es tu canción favorita. Si vas a la tele ese día, por ejemplo, a un concurso, lo ganas todo. El dinero, los viajes
Fíjate bien lo que te digo, todo. Pasa sólo una vez en la vida, por eso tienes que estar muy atenta, no sea que se te pase. Es como un desvío, como cuando vas por la carretera y hay una desviación pero a lo mejor vas hablando por el teléfono, o discutiendo o pensando en lo que sea y no te das cuenta y se te pasa y te jodiste porque ya no puedes volver atrás. Ese día es lo mismo: un desvío. Es muy importante porque puedes elegir por donde va a seguir todo. Si por ese camino que es nuevo o no. Por eso tenemos que estar muy atentos. Porque hay muy pocas cosas buenas. Y si encima se te pasan porque estás hablando por teléfono...sería una lástima".
07/04/2007
La telenovela

Tenía razón cuando la vi sentada en el sillón y con la sonrisa fácil. ¡Quiero ver la novela! Supuse que aquello era una suerte de petición disfrazada. Un mensaje que descifrar. Un acertijo nocturno digno de estudiarse. Tan complicado como el lunar que sólo ella me ha enseñado a redescubrir.
Tan misterioso como cuando tomo el volante del coche y siento la forma en que mi mira e intenta meterse en este laberinto de la desesperación que a veces ni yo mismo encuentro salida.
La telenovela. Por qué dedicarle líneas a un parlamento de ira y traición salido de un televisor. Por qué amarrarme a su cintura noqueado por ese somnífero que llaman amor y esa medicina que ahora me mantiene entre ángeles que percibo a mi lado y que amenazan con llevarme.
No se para cuánto me dará la memoria. Tampoco deseo averiguarlo. Los ojos se me cierran y hoy no he podido inyectarme. Ya puse a calentar el café que dejaste antes de marcharte.
Ante de que asomado por la puerta y de madrugada te dije lo que no necesito repetir. Sólo se que se muchos de estos instantes están llenos de ti y agradezco a los somníferos y a Dios, tenerme a mi lado mujer no salida de telenovela.
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