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5/1/07

El diablo anda como lión



Darío Dávila / Bernalejo, Durango

La historia de Pajaritos de la Sierra podría escribirse en cartas. Ya no hay gente del pueblo que la cuente. Todos se han marchado dejando que la yerba llene sus casas y el hambre mate a sus animales.Aquí está a punto de anochecer pero un vapor gris cubre los cerros llenos de sombras. Algunas cartas giran con el viento que se mete entre las casas de madera donde ya no hay nadie. No desde que familias enteras se fueron al otro lado para ganarse un cinco. No desde que los tepehuanos desalojaron con violencia a todos sus habitantes por un conflicto de límites territoriales.Febrero 4 de 1994: "...tío, entréguele el becerro a Florencio. Allí donde teníamos el maíz, póngale una lamina grande. Tío: ¡aste béngase a hacer cocina acá¡. No quiero que se muera de soledad!", dice una de esa cartas firmada por Cruz Castro desde Texas.A Pajaritos se llega por caminos de terrecería que no están el mapa o que a veces terminan en barrancos. No hay luz. Sólo permanece un campamento de la Policía Estatal de Zacatecas comisionado a esa zona para evitar un nuevo brote de violencia por parte de indígenas tepehuanes de Durango."..tío: sí recibí el acta de nacimiento de Nacho. No tenga pendiente. También le digo que Pedro no está en la cárcel no más que ahorita no trabaja porque se mocho un pedacito de dedo pero estamos bien…"Los animales que abandonaron las mujeres y hombres que habitaban esta comunidad están dejándose morir. Sólo se les escucha bufar o bien aullar en las madrugadas. Los perros, así como Bernalejo, tienen las costillas pegadas a la barriga y comen lo que el campamento de Policías Estatales (una especie de ermitaños de la seguridad), deja.Abril 25 de 1995. "…tío: ya tenemos muchas ganas de verlo. Ermelinda dice que hasta ya quiere ponerse a llorar. Pero como aste me mandó a decir que gastamos mucho dinero para pasar, que nos aguantáramos un poco más…".Desesperado, un burro con la saliva espumosa, camina de un lado a otro. Al fondo hasta donde la mirada alcanza, se observa Durango y Pajaritos parece insignificante en la inmensidad de esta sierra donde los grillos chillan tanto que no dejan dormir."…tío: Los poblanos siempre quieren correr a la gente. A lo mejor la migra nos abienta porque disen que va a venir de nuevo. Por eso yo pensaba irme antes, pero haber que pasa".Una parvada de cuervos revolotea camino a un maizal. Hay más cartas regadas y manchadas por el polvo: "... ma: ya otra vez estoy embarazada, si me arriesgo a ir es muy trabajoso para pasar porque yo no tengo papeles. Me pienso aliviar aquí porque aquí desde que empieza uno a estar embarazada tiene su doctor y cada mes tiene que estar yendo para que lo chequen. Aquí no soban como allá sino que lo checan cada mes…""Ma: ya les dije a Petra y Elodia que les saquen una visa para que se venga usted, para que conozca aquí haber si le gusta o no, porque no es tan bonito como cuentan…"Sobre lo que fueron los sembradíos de Pajaritos de la Sierra empieza a caer una llovizna. El cielo se ha puesto rojizo y sobre las líneas de otra carta una mujer desde Michigan cuenta: "mamá: con sus lentes lea la Biblia y ore porque el diablo anda como lion rugiente viendo haber quien se deja deborar con eso de la migra".Aquí en Pajaritos no hay nadie. Sólo permanece la Gaby, una mujer tepehuana que a veces corre semidesnuda entre las casas de madera vacías y husmea por el campamento donde permanecen los policías estatales. Luego, se echa a reír camino al monte hablando sola o cantando quedito mientras la niebla se la va tragando entre los ocotes y pinos.

Pecados bajo la cama


Huehuetlán, Puebla

En esta tierras el veneno de los alacranes mata antes de que uno comience a expulsar espuma por la boca. Aquí la sangre se calienta rápido cuando los rumores incomodan al pueblo. Un campesino con una cicatriz que cruza su mejilla me lo recuerda mientras me mienta la madre y dice que me vaya de aquí. Que eso de andar preguntando por un tal Nicolás Aguilar puede costarme. No me dice qué, pero sé que el empujón en mi pecho es suficiente.
Quiero pensar que este calor de la Mixteca será pasajero, que con el correr de la noche la humedad de los campos de caña que rodean a Huehuetlán el Chico atenuará esta temperatura, que ha obligado al reportero a buscar sombra en casa de doña Concepción Zamora. Mujer anciana. Maestra de vocación. Apasionada cuando habla de su pueblo. Desconfiada de los forasteros que preguntan por Nicolás: ¿Y por qué quiere saber de él?
Nicolás es un nombre "protegido". Y tiene su fiesta: cada 10 de septiembre, el pueblo organiza una comilona en honor de San Nicolás. "¡Es el patrono!", exclama la maestra en su sala de paredes blancas y viejas donde ha colocado fotos, reconocimientos y recuerdos de su paso por la única escuela del pueblo: “La Particular”, donde estudió Nicolás Aguilar y que en realidad se llama Unidad Educativa Miguel Hidalgo.
La maestra Concepción ayuda a imaginar al niño que entonces era quien hoy está acusado de haber abusado sexualmente de decenas de niños tanto en México como en Estados Unidos: “Le encantaba hacer altares en su casa. Me acuerdo que a todos los presumía pero… ¡ahora se me hace una exageración todo lo que dicen de él! Era como cualquier niño hasta que se marchó al seminario, allá a Tehuacan”.

Un alcatraz, tres mil escudos


Por Darío Dávila/ Oaxaca, Oaxaca

Tenía razón cuando colocó la mano sobre la guitarra y confesó: “Con la paz se abren las puertas”. Sebastián, empezó a caminar entre la valla que agentes de la PFP formaron a su alrededor. Quizá por ello, cuando estuvo muy cerca de los agentes, supo que había logrado –a su modo- tomar el zócalo de Oaxaca.

Sebastián casi pudo rozar los escudos de los agentes de la PFP que le rodearon a él y 250 miembros de la sociedad civil “Las Abejas”, provenientes de Acteal, Chiapas. ¿Sus armas?: alcatraces. ¿Su ejército?: mujeres y hombres tzotziles guiadas por un mecate y flores en mano.

Ya enfrente de los federales, les dieron una flor. Algunos las rechazaron. Otros las tomaron entre el escudo y su arma. “Las Abejas” habían logrado su objetivo: “tomar” con cánticos de paz y oraciones un zócalo oaxaqueño donde difícilmente se pueden ver alcatraces entre tantos uniformes grises.

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